¿Para qué escribo? Para desahogarme. Para contactar madres (o padres) de la blogósfera, cual botella al mar. Para mantener mi escritura activa. Para registrar momentos mientras mis chiquitos crecen vertiginosamente rápido.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Los que considero mis puntos fuertes

Hace algunos días, compartí los que creo que son mis lados flacos como madre, aquellos aspectos de mi maternidad que, si fueran materias, me estaría llevando a examen casi seguro. Pero no me considero una mala mamá (al menos, no la mayor parte del tiempo). Y, con el correr de los años, descubrí ciertas características mías que me llenan de orgullo y que hacen más fácil mi vida como madre. Hoy decido compartirlas también.

- Soy sumamente organizada. Tengo una agenda en el cerebro y soy experta en recordar fechas importantes y compromisos, tanto míos como de mi marido y de mis hijos. Siempre contesto las notas en el cuaderno de comunicaciones, no se me pasa jamás un turno con el pediatra, ni dejo de avisarles con tiempo a los abuelos de la fiesta de fin de año en el jardín de mi hija. Esta característica me ayuda a lidiar con las mil y una tareas pendientes que cualquier mamá siempre tiene sobre sus espaldas. Encima, es un logro compartido porque con mi marido hacemos un equipo excelente para repartirnos las cargas domésticas (compras, cocina, orden, lavado de ropa, etc.), lo que nos permite relajarnos después de un largo día, seguros de haber cumplido con todo lo importante.
- ¡Amo cocinar rico y variado! Soy de esas madres que se esfuerzan porque sus hijos coman de todo, principalmente alimentos sanos pero también deliciosos. Cuando Dani cumplió seis meses y empezamos a introducir los sólidos en su dieta, me entusiasmaba descubriendo nuevas maneras de preparar verduras, carne, pollo, legumbres... sacaba la cuenta de cuántas cosas ya podía comer y lo bien que las aceptaba. Con casi cuatro años, hoy en día ella está más quisquillosa y selectiva con la comida (cosa que sé que es natural y esperable en los chicos de su edad). Aún así, todos me felicitan por lo bien que come y lo completo de su dieta. Creo que es en buena medida un mérito mío por el entusiasmo que le pongo al tema. Y juro que no es obsesión por la comida sana: ¿cómo le voy a prohibir una hamburguesa o un chocolatín de vez en cuando? Es simplemente que para mí la buena comida es uno de los placeres más grandes de la vida, y me encanta transmitírselo.
- Me gusta mucho el diálogo que tengo con mi hija. Adoro responder todas sus preguntas y me encanta hablarle como una persona, no como un bebé. Más allá de que entiendo que tiene solamente cuatro años (es más, todavía no los cumplió) me interesa tratarla con respeto y explicarle las cosas de manera que pueda entenderlas. Disfruto mucho de ayudarla a poner en palabras sus sentimientos, lo que le pasa. Espero poder compartir lo mismo con el más chiquito cuando aprenda a hablar (ya conté que me cuesta dialogar con él ahora que no me responde).
- Creo que un último mérito a destacar (compartido con muchísimas mamás que conozco y que me inspiran) es el constante esfuerzo que hacemos por mejorar, por aprender de nuestros propios errores y ser, cada día, más parecidas a la mamá con la que soñamos ser. No todos los días nos sale. Ni durante todo el rato. Pero el logro está en sostenerlo en el tiempo. Y en prestarles atención a nuestros hijos para aprender de ellos.

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