¿Para qué escribo? Para desahogarme. Para contactar madres (o padres) de la blogósfera, cual botella al mar. Para mantener mi escritura activa. Para registrar momentos mientras mis chiquitos crecen vertiginosamente rápido.

sábado, 5 de noviembre de 2016

¡No sé qué hacer con mi bebé!

Me pasó cuando Dani era chiquita y me pasa ahora: hay momentos en los que no sé muy bien cómo relacionarme con mi bebé recién nacido. Disfruto muchísimo de darle la teta, de bañarlo y de tenerlo dormido en mis brazos. Exprimo al máximo cada segundo libre que me deja cuando está dormido en su cuna. Me encanta pasear con él en el cochecito y ver su carita mezcla de asombro y desconcierto. Y si bien no es lo que más me gusta, sé que hacer en el momento en que tiene los pañales sucios.

No. El problema (?) son justamente esos momentos en los que no le pasa nada de todo eso. Está despierto, tranquilo, no tiene hambre o acaba de terminar de comer, y empieza a mirarme con esa carita de "bueno, mami, ¡entreteneme!". Me agarra el ataque de ¿y ahora qué hago? Es recién nacido: todavía no sonríe, no puede agarrar juguetes, no sostiene la cabeza, no se sienta... ¿cómo jugar con él? ¿Cómo estimularlo sin sobreestimularlo? Lo alzo, lo cambio de posición, lo paseo en brazos... ¿y después?
"Bueno, ¿y ahora qué, vieja?"
Los manuales dicen que hay que hablarle, contarle lo que hacemos... pero me cuesta hacerlo con alguien que no me responde, que se supone que me entiende pero todavía no me entiende. Le canto, de a ratitos, pero no me fluye tan natural por ahora. Lo acaricio, le doy palmaditas, pero mucho más no me sale. No me fluye.

Con mi hija mayor descubrí los mayores placeres de ser mamá a partir de que empezó a hablar: hubo definitivamente un antes y un después en mi relación con ella, no porque la quiera más sino porque me resulta más fácil relacionarme con ella. Soy por naturaleza una persona muy verbal, y los primeros dos años la maternidad se me hizo muy difícil, creo ahora, por no poder compartir el lenguaje con mi bebé. Y por algo habrá sido que mi hija salió charleta como yo (mi marido dice que incluso me supera). 
Mi secretaria.

Bueno, nuevamente, para esta primera etapa con Quiqui me viene fantástico ser mamá recargada: la tengo a mi pequeña ayudante al lado para entretener a su hermanito, para jugar con él, para "hacerle payasadas" y llenar esos ratitos breves de vigilia del bebé donde se muere de ganas de comerse al mundo con los ojos. Esos momentos que se irán extendiendo a medida que necesite dormir menos, y que se irán haciendo de a poco más fáciles también para mí que, me doy cuenta, me resulta más fácil ser mamá de nenes pequeños que de bebés.

3 comentarios:

  1. Creo, por lo poco que sé, que los bebés asimilan información, aprenden, desde el primer día que nacen (algunos dicen que ya en la tripa), pero lo hacen de otra manera, no como lo hacen luego, cuando dominan la palabra, cuando entienden lo que se dice y hablan. En los primeros meses el aprendizaje se produce de otra manera. Sin embargo, es una etapa también muy importante. Los bebés deben de recibir estímulos positivos entonces (calor, colores suaves, canciones, abrazos) para contribuir de forma adecuada a su desarrollo. Por supuesto todo ello debe continuar luego, lo verbal viene a complementarlo, no a sustituirlo.

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  2. Sí tienen lenguaje!!!! , no verbal todavía.....El lenguaje paraverbal es fundamental porque es otra forma de comunicación valiosísima que tiene que ver con lo afectivo! Desde las primeras improntas y huellas que se van generando en el psiquismo del bebé, se va construyendo este tipo de lenguaje que se relaciona con la actitud corporal, los gestos, las expresiones, los tonos de voz, las miradas, etc. Esto va a contribuir al andamiaje sobre el que se va forjando la comunicación verbal, que nos va a enriquecer como seres humanos para disponer de una palabra llena de cuerpo....Uno de los riesgos que corremos es sobrevalorar la palabra como forma de racionalizar o intelectualizar. Por eso es valioso volver sobre uno para revisar las herramientas que utilizamos en las relaciones con los demás. Los niños son muy perceptivos e intuitivos en este sentido...Y además no hace falta tener que estar haciendo cosas todo el tiempo. Una saludable manera de transmitir el disfrute y el goce es relajándose y no querer controlar todo. En mi caso, habiendo sido madre (y continuar siéndolo), y a pesar de estar grandes, mis hijos, ahora, me ayudó mucho también el rol del padre, para sostener afectivamente no sólo a la madre, cuando en ocasiones se enrolla con algunas cuestiones emocionales, sino también a los hijos con su presencia invalorable! Adelante Mariana! No hay mamás buenas o malas , o no tan malas. Lo importante es revisar siempre nuestras matrices de aprendizaje, los esquemas mentales y afectivos instituidos, replantearse posicionamientos y este tesoro es lo que le vas a dejar a tus hijos!!!! Saber que, más allá de las temáticas que te vas planteando, hay una mamá que, no tiene todas las respuestas definitivas y acabadas, sino simplemente interrogantes para seguirse abriendo a crecer.....
    Patricia

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  3. Hola Mariana, gracias por leer y comentar mi post en BabyCenter. Me pasó algo similar con mi primera hija cuando era recién nacida y luego, como escribí en otro post, mis hijas se tardaron el hablar porque les leía la mente jaja, no tenían necesidad de hablar si yo todo les adivinaba. Y es que la maternidad nos agarra desprevenida y sin instructivos. Saludos!

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